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lunes, 19 de noviembre de 2007

Y el lobo se comió a Caperucita

Veo a James McFadden corriendo a rematar un balón a puerta vacía y me siento identificado con Escocia. Veo que lo envía fuera y me llevo las manos a la cabeza. Veo a Sychev chutando a puerta ante Israel y me imagino las repercusiones que podría tener ese gol. Veo que supera a Aouate y lo veo dentro. Veo que da en el palo y se va fuera y me vuelvo a echar las manos a la cabeza. Veo a Italia lanzando una falta injusta en el último minuto y me imagino el final. Veo a Golan sólo ante Gabulov mientras el partido agoniza y me imagino lo que pasará. No necesito ver más. Ya sé el final del cuento de hadas de Escocia y de Rusia. En esta ocasión, el lobo se ha comido a caperucita. Y esta vez no vendrá nadie a sacarla del estómago del lobo. A pesar de que hace nada en la puerta estaba un cazador con una escopeta esperando la llegada del lobo. En la vida real los cuentos de hadas tienden a tener esta clase de finales. Es doloroso. Es triste. Es cruel. Pero es así.


Y Escocia se ha quedado sin Eurocopa. Lo merecerán más o menos. Les habrán temblado las piernas en el momento más importante o no. Eso da igual. Ya no hay vuelta atrás. Lo hecho hecho está. Y al final, los "malos" siempre ganan. Tendrán el fantástico recuerdo de haber ganado en el Parque de los Príncipes a la finalista del pasado Mundial de Alemania. James McFadden habrá soñado con la jugada más clara para los escoceses en todo el partido toda la noche. Quizás no haya dormido. En dos semanas nadie se acordará de la lucha de los escoceses hasta el final. Plantándole cara a Italia en lo que parecía en grupo asequible para los finalistas del pasado Mundial. Toda una hazaña. Grandes jugadores. Una generación que ilusiona, con razón, al norte de Gran Bretaña. Han dejado sus credenciales en esta fase de clasificación. Y serán un "coco" en el sorteo de los grupos de clasificación para el próximo Mundial de Sudáfrica.


El partido desde el inicio se les puso en contra. Saque de banda. Di Natale aparece en el área como por el salón de su casa y Luca Toni no sabe lo que es fallar en el área pequeña. 0-1 y Italia se prepara para poner el autobús. Escocia aprieta, aunque sin crear ninguna oportunidad que pueda inquietar a Buffon, de quien me he prometido no hacer comentarios acerca de su vestimenta. Aprovechando la debilidad de Zambrotta, los escoceses tratan de crear peligro por su banda y a balón parado, donde Italia se muestra inocente y donde Escocia remata todo fuera. Tras serle un gol anulado por... Algo que nadie sabe, llegamos al final de la primera mitad, en la que Pirlo saca un cabezazo de debajo de los palos. En la segunda parte salen los escoceses enchufados aunque faltos de ideas. Y del rechace de una falta, con algo de fortuna y en fuera de juego, Escocia marca el empate. Un gol que sería típico de Italia en el último minuto. A partir de ese instante, a los italianos le empiezan a temblar un poco las piernas y empiezan a flaquear a balón parado. Los escoceses aprovechan esa debilidad para aprovechar su punto fuerte. El partido se rompe. El ambiente se empieza a convertir en una batalla épica. La tensión se hace cada vez más insoportable mientras 22 gladiadores siguen corriendo sobre el terreno de juego. James McFadden tiene el balón en tres cuartos de campo. Ve a Miller desmarcarse por el costado derecho y le mete el balón mientras acelera para poder rematar un posible centro. Milles ve su moviemiento y se planta solo y muy escorado ante Buffon. Mete un centro raso mientras sigue con la mirada la carrera del futbolista del Everton. Este llega. Se tira al suelo, pero llega. Toca el balón con el pie y siente la gloria. Siente el gol. Pero el balón no va dentro. El balón sale mientras Gianluigi Buffon suspira de satisfacción. Todavía quedan diez minutos, pero lo peor ya ha pasado para Italia. Y en el último minuto el asistente de Mejuto señala una inexplicable falta de Italia a Escocia como una falta de Escocia a Italia. Allí va Andrea Pirlo tras un gran trabajo a tratar de finiquitar el partido. Tiene que localizar una cabeza italiana y poner un balón allí. Al borde del área y en la parte derecha Pirlo se dispone a centrar la última oportunidad de los italianos de dejar de sufrir. Y allí va. Apunta y localiza a Panucci. Panucci apunta y localiza la portería. El final lo sabemos todos.

jueves, 18 de octubre de 2007

De la cima al ocaso

El fútbol británico ha vivido este miércoles una tarde penosa para sus intereses de clasificarse a la Eurocopa de Austria y Suíza. Los ingleses han perdido de una manera similar lo que ganaron en Wembley hace unas cuantas semanas. En casa ante Rusia ganaron con bastante polémica al habérsele anulado a la selección rusa un tanto legal cuando el partido iba 1-0. En Rusia, los ingleses vieron con impotencia cómo a los rusos le daban de manera errónea la oportunidad de empatar el partido que le habían quitado en Inglaterra. El resultado fue una victoria rusa que jamás sabremos si se habría producido también en Inglaterra de no habérsele anulado aquel gol. Aunque tampoco sabremos nunca que resultado habrían sacado los ingleses de no habérsele perjudicado con ese penalty inexistente en Rusia. Será cierto eso de que los árbitros barren para casa. Ahora Inglaterra tiene que ganarle a Croacia, líder de su grupo, en casa y esperar a que Rusia no gane en Israel, cosa que podría suceder perfectamente.

Sin embargo, la mayor sorpresa no fue esa derrota inglesa que, cuanto menos, entra dentro de una lógica que no acaba de aceptar que Georgia, que está subiendo mucho el nivel últimamente, le ganase a Escocia por dos goles a cero. Los escoceses han tirado por la borda lo que habían conseguido con tanto esfuerzo y ahora deberán ganarles a los italianos en Escocia. Puede ocurrir, pero a los italianos les vale con mantener su portería a cero. Y para ello están Buffon, Cannavaro y cía. Lo más positivo para los escoceses es que. a diferencia de los ingleses, todavía dependen de sí mismos. Pero claro, Italia es Italia... Juegue quien juegue.

En caso de que Escocia no se logre clasificar, será el final de una brevísima pero exitosa en el fútbol escocés. Ganando a la selección francesa en el Parque de los Príncipes. Viendo como el Glasgow Rangers ganaba al Stuttgart en casa y luego destrozaba al Lyon en Francia. Admirando cómo el Celtic de Glasgow ganaba al todopoderoso Milan del "artista" Dida. Una victoria ante Georgia habría hecho que un partido que se disputa este fin de semana cobrase una grandísima importancia. Ver qué equipo era el mejor de la nueva Escocia, de la Escocia que estaba dejando fuera a los dos mejores equipos del pasado Mundial. Comprobar qué equipo saldría líder de la Scottish Premier League que triunfa en la Champions. Poder asegurar que el gran momento del Glasgow Rangers es una realidad o si volverán a perder la liga en favor de su máximo rival, el Celtic de Glasgow, como ha ocurrido en las dos últimas temporadas en las que los protestantes de Glasgow han quedado muy lejos de los católicos e incluso han llegado a quedar fuera de puestos Champions.

Sin embargo, esta temporada los Darcheville, Beasley y Ferguson intentarán demostrarles a los Nakamura, McDonald y Boruc quién tiene más ligas, quien ya tiene casi asegurado su clasificación para la próxima ronda de la Champions y, en definitiva, quién va a regresar al liderato. De no ser capaces de imponerse en Ibrox Stadium a los católicos seguirían a 3 puntos. De perder, esos 6 puntos hundirían a los protestantes, que verían muy lejos el liderato. Todo esto sin contar lo que haga el Hibernians, que está segundo actualmente. Sin embargo, hace más de 20 años que ningún equipo gana la Champions exceptuando a los máximos rivales en colores e ideologías. The Old Firm es más que un partido de fútbol. Más que un derby. Es el enfrentamiento entre dos maneras de ver el mundo. Protestantes contra Católicos. Nacionalistas contra Unionistas. Y una historia demasiado extensa como para contarla en un sólo post.